Si la inmortalidad fuera sostenible, tendríamos seres inmortales. Como no los tenemos, quizás valga la pena reconocer explicitamente esta idea y traducir de forma organica este principio en el diseño de productos, sistemas, negocios y comportamientos. Probablemente nos ayudaría en reducir el nivel de estrés que nos causamos. Puede que la obsolescencia programada no sea algo tan malo, si la miramos desde un punto de vista orgánico.
Abajo: la opinión de la naturaleza acerca de la obsolescencia programada.


